MARÍA MAGDALENA HERRERA REYES

por Alexandra Ruíz

María Magdalena Herrera Reyes [1986, Huehuetenango, Guatemala]. Caminante, mujer,  madre, actriz de teatro, poeta, activista, defensora de derechos humanos, reside en Los Ángeles, California, estudió en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Amante de las artes, la política y la palabra. Ganó concursos de declamación en la escuela primaria. Fue miembro de grupos de teatro de los cuales destaca el grupo de teatro “Huizaches con paz para tu matate” de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales donde escribió y protagonizó monólogos de discurso político social (esta agrupación ha mantenido los segundos lugares consecutivamente en la velada teatral de la Huelga de todos los dolores, USAC).  “Los descarados y las descaradas” grupo de teatro que exhibía obras de teatro político y arte callejero, colaboró en el grupo de teatro “Crearte” en California Estados Unidos. 

***

Su visita 

Ver sus ojos tristes 

me recuerdan a una estampida 

de animales, 

la oscuridad de su iris 

me llevan a algo siniestro,

la sonrisa la tiene tallada en sangre 

que afilan mi ser, despacio 

que la evolución de un reptil 

se asemeja a la iluminación del pasado, 

.

  de una guerra fría 

.

va penetrando mi alma 

que mi cuerpo se hiela  

siento la visita de la muerte 

cuando estoy en la cama.

.

He de confesar que en los días ausentes 

soy yo quien la busca,

me paseo entre los muertos 

y sus casas silenciosas, 

las hierbas secas

y sus nombres olvidados, 

siento como se acerca siempre 

a mi espalda 

le gusta atormentarme en la soledad

.

      distante

cierro los ojos 

y siento el olor de la sangre 

al despertar entre la oscuridad 

vienen imágenes, una tras otra

me gusta ver sus ojos siniestros

como afilan mi maldad 

entre la soledad

los golpes en mi cabeza no cesan….

.

.

.

.

Animal

Niños decapitados caminando 

entre las sombras 

preguntan por mamá, 

señalan el averno

el rugir del animal oscuro

acompañado de jazz.

Ya sé que no cuadra 

el miedo a tu mente

mi cuerpo sin control

sabe que es real 

el espejo sale a caminar 

ante mis ojos

mi mundo, tu mundo 

se disparan en diásporas oscuras

la pólvora en tus manos

arman 

al idiota absurdo 

lleno de odios 

                            quejas…

                                           espíritus…

 traumas…

                                 guerras…

laberintos mentales

                                        Caos…

                  demonios….

muertos…

                          locura…

tóxicos…

                libros sin terminar…

Corre, corre, corre

detrás de una puerta 

ella está con su hermoso rostro

y larga cabellera.

El fuego, el fuego 

enciende los deseos oscuros de la muerte

puertas que abren y se cierran 

vitrales incoloros

ante el destiempo de la oscuridad 

¿Pero verte frente a mí?

                       Putrefacto 

amenazándome de muerte

lanzándome a los perros 

el eco en la habitación no acaba

susurra mi nombre

¡me grita!

que pronto moriré

¡No me importa!

pero odio verlo ante mis ojos 

Putrefacto

                   caótico

                                  aberrante 

desafiante 

                    animal

                                   macho 

clava, clávame la daga 

tu trastorno me acaba 

llévame al invernadero oscuro

invitame a pasar la noche fría 

frente a la luna roja

inquieta 

que reclama la sangre 

maldito, mil veces maldito 

te maldigo

porque te escondes en mi almohada 

simulando ser una pesadilla

pero me habitas de día.

.

.

.

.

Oscuridad

Cerrar los ojos

                        ¡No puedo!

Llega la noche y mis estrellas salen

traen consigo una gran sonrisa 

                                                      de la luna medio llena

el amor es el ingrediente secreto 

dentro de mi vientre 

                                      se llena de sal 

y se reseca ante el sacrificio humano

del despertar del hilo de la vida

la despedida de la sangre 

                                              es la trama 

de un suceso inmundo

que atraviesa manos 

en el monumento bello

                                           lo destroza

le pone tropiezos del abismo humano

el dolor del grito en el inconsciente 

barricadas de humo que salen 

ante el suceso 

                          ausente de la justicia

me provoca una manada de vómitos sin descanso 

el ahogo 

                 de la hiel

                                  y la patada del absurdo ser.

Debo sentarme

o mejor tirarme en la arena 

y escuchar las olas del mar 

sentir el suspenso 

                                 de no poder caminar 

y ver cómo la vida se va…

cómo el pasar de las innumerables nubes 

que no acaban…

Llega la noche y vuelve más llena 

mas ansiosa

en su caminar

que no cabe en la manada…

Los nocturnos 

                         ¡no somos de manadas!

somos seres solitarios 

en busca de un florero 

                                        para adornar el día 

aún así iluminamos

                                    el paseo en el bosque

cuidamos los pasos del viajero

somos de aquí 

                           y somos del otro lado de la oscuridad 

allá en la noche 

nuestra conexión al universo se vuelve en un pedestal

que limita la vida 

de aquel que se aferra a una sola idea

o solo una expectativa.

Que miserable sería dejar todo adentro

como si mis pelos no crecieran 

a su manera

                       locos

retando a la estática 

y a tus estadísticas de muertes

la muerte  

                     de mis hijos 

                                             y de mis hermanas   

así viene el grito

                              ¡mi grito!

debo dejarlo salir…

el dolor se aqueja 

si me muerdo la lengua 

                                            por no hablar

hay luz y hay oscuridad

ambas son hermanas 

son buenas conocedoras 

                                             de la realidad

¿Que sería de mi sin este cuerpo,

sin mis valiosas manos?

que se transforman

en alas

             en pies 

                          en guitarra

                                              en pinceles 

en plumas

                      en el infinito se vuelven

la lengua de un desaparecido

que busca gritos 

los gritos de auxilio en la oscuridad.

.

.

.

.

ACUARELA

Muchedumbre inconclusa 

caminando como almas en pena 

huyen del infierno 

que les agobia. 

Ante el temblor de la montaña 

se escuchan gritos

se ven caer uno a uno 

los muertos por el hambre.

Sus cuerpos 

forman 

las rutas del camino 

su sangre corre 

como ríos de agua viva,

sus volcanes; 

erupción del caos 

y la tormenta 

de la maldición de “dios” 

Tu libertad

para morir de hambre 

en un desierto lleno de huesos 

un cementerio de cuerpos putrefactos, 

telúricos. 

Ahora soy la mazorca deforme

nacida entre grietas 

de la gran selva de asfalto.

Soy la mala hierba 

resiliente entre el óxido.

Soy el ala rota de un monarca 

que descendió.

.

.

.

.

Pasillo iii

                                   II

Acallada a la hoguera 

retornando al maleficio 

el hechizo de amor 

esperanza de la humanidad 

el vientre lleno con un embrión.

¿Qué puede ser más justo?

¿El tiempo o la vida? 

Que me arrastrarán 

hacia la inaudita 

¡Muerte!

.

.

ese agujero incontenible 

de oscuridad 

ese desacierto de segundos infinitos

de respiros sin retornos.

¡Vete a la mierda! 

Vos y tu misericordia 

que son los tripulantes 

de un arca que solo viene en pares. 

Y yo: 

nací impar. 

Esa es mi maldición…

.

.

   III

Uno a uno fue cayendo 

como hoja seca 

como grano de sal en agua

como gota de lluvia en tormenta

como desdicha de tus penas.

Colapsada en la tierra

sin cosecha, 

sin comida

avergonzada de mis poemas 

como niña desnutrida

en la eterna primavera 

vaga en palabras necias 

de una revolución  que jamás será.

Impía ante tus ojos 

que destilan lágrimas de prejuicios 

tu lengua que es larga 

que  mutila y mata

es la misma que lame los pies 

del que predica en una iglesia.

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